Más que hablar de una experiencia en particular, que tuve muchas y muy variadas en más de 20 años, me voy a enfocar en lo que sucedió en Córdoba con respecto a la Educación Especial. Con la excusa de la inclusión el gobierno cordobés recortó seriamente el área, cerró escuelas y obligó a una inclusión compulsiva que, como era de esperar, no solamente no incluyó sino que en muchos casos perjudicó a los estudiantes, además de sobrecargar a los docentes. En el caso particular de las Escuelas Técnicas, donde se requieren ciertos contenidos, hubo casos de estudiantes que no tenía sentido su inclusión en este tipo de escuela y que sufrían mucho más porque no podían adaptarse a las reglas de un Taller, por dar un ejemplo. Las genias o los genios que planifican estas "políticas educativas", por enésima vez, demostrando que la intención en la práctica era recortar presupuesto recargando a los docentes. Si realmente les interesara la inclusión, invertirían los recursos necesarios en vez de recortarlos; se asegurarían de contar con gabinetes de profesionales por escuela que todavía no existen, de diagnosticar tempranamente, de coordinar entre niveles y fundamentalmente de concienciar a los padres de las verdaderas posibilidades de su hija o hijo en función de todo ese seguimiento. Muchos padres no quieren asumir la situación de su hija o hijo, lo envían a una escuela técnica por sus propias aspiraciones y en estos casos la situación es caótica. Por otro lado, se ha desvirtuado el concepto de curso volviéndolo una simple cohorte, es decir, importa más que estén juntos los de la misma edad sin importar sus logros. Una verdadera inclusión debería permitir adaptar el cursado a los tiempos de cada uno y eso implica compartir, especialmente desde la secundaria, con otros de distinta edad que estén a un nivel similar. Esto genera cursos que aprovechan mejor la diversidad y que permiten compartir temáticas. No puede ser que un docente planifique en el mismo curso tres, cuatro, cinco veces y encima que en la práctica los estudiantes no compartan las instancias de aprendizaje. En ese sentido, se ha desvirtuado al secundario y a la escuela técnica en particular, a la vez que se bajó muchísimo el nivel educativo. En cuanto a las situaciones que exigen habilitar los protocolos de vulnerabilidad de derechos, en la práctica no funcionan, el Estado no invierte en el área de asistencia social y recae nuevamente en el ámbito educativo algo que no le pertenece. Como otras problemáticas, está atravesada por cuestiones tanto sociales, económicas y políticas que la superan y que ignorarlas, como de hecho suele hacerse, nos hace perder de vista dónde se sitúa el problema principal y cuánto realmente nos toca como docentes.
Hay mucho para aprender en la Argentina. Lo primero es entender que este gobierno y los liberales caen en planteos lineales, infantiles en su reduccionismo que debemos superar. Que sus dicotomías maniqueístas de buenos y malos, de grietas y conceptos dualistas son falaces. No tiene sentido la dicotomía público/privado sino entender que no es la propiedad lo central sin primero tener claro para hacer qué. La clave de la propiedad colectiva pasa por la responsabilidad sobre qué se hace, cómo se hace y fundamentalmente para qué se hace. Basarse en satisfacer necesidades concretas que hayan sido previamente analizadas críticamente y ordenadas en prioridades, un rol fundamental del Estado y de la ciudadanía que no debe ser delegado en representantes. Cada población, cada región tiene sus particularidades que deben atender sus propios ciudadanos como parte activa del Estado. Se evita así la burocracia, tal como funcionan las uni...
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