En el marco de una asamblea histórica de la UNRC, hace 25 años se iniciaba un plan de lucha conjunto entre estudiantes y docentes que derrotó el ajuste del entonces ministro de economía Ricardo López Murphy, quien terminó renunciando a su cargo. Luego asumiría Domingo Cavallo, quien llevaría al "corralito" y desataría luego el estallido de 19 y 20 de diciembre de 2001.
Clarísimo, por mucho menos de lo que actualmente sucede tomamos las universidades ¿y quién convocó en aquel entonces a esas tomas? sí, la FUA dirigida por Franja Morada. Dirigencia afín al gobierno radical pero que obligado por las circunstancias creyó poder contener la lucha y terminó desbordada por el movimiento estudiantil.
Hoy las camarillas estudiantiles juegan para el peor gobierno desde la dictadura, que está decidido a destruir la universidad pública, por más que en público digan estar contra Milei.
Ayer, durante la marcha del 24 de marzo, cientos de jóvenes valientes se hicieron escuchar para dejarnos claro que están decididos a combatirlo, que no hay un consenso para aceptar esta política destructiva.
Si no entendemos la importancia cabal del Instituto Balseiro, el CONICET, INVAP, CONEAU, INTI, INTA, las Universidades públicas; así como también la del elenco del teatro Colón, los Institutos Artísticos, las Organizaciones y Centros Culturales, el INCAA, etcétera y su rol protagónico insustituible en el desarrollo del país, nos condenamos a ser una republiqueta, una semicolonia, una experiencia trunca.
La mediocridad actual es directamente proporcional al estado deplorable de esas organizaciones e instituciones y al ataque continuo contra el entramado sociocultural que los atraviesa.
Hace 50 años nos privaron de una vanguardia que, en el mejor de los casos, se exilió y que en gran parte fue desaparecida junto a su lucha, a su proyecto de país.
Esos proyectos truncos por la dictadura y los posteriores gobiernos que dejaron incólume la estructura neoliberal tan destructiva impuesta por Martínez de Hoz, Cavallo y compañía, con gobiernos cada vez más mediocres y funcionarios corruptos que nos alejaron cada vez más de ese proyecto de país.
Milei es una suerte de culminación de ese proceso, deshaciendo todo vestigio de soberanía y de reivindicaciones obreras para convertirnos en una semicolonia sionista, un reducto más del capital financiero global aliado a la burguesía nacional, a quien claramente no le interesa la Argentina sino hacer buenos negocios.
Lo de Lumilagro no es un exabrupto sino una confesión, lo mismo que Madanes cerrando Fate para volcarse a la timba financiera.
Está claro que la salida no es con esa clase entreguista y explotadora sino con la clase trabajadora.
Conclusión compartida por aquella generación desaparecida por la última dictadura, quien entendió claramente cuál era la lucha y cuál el camino. Tenemos mucho que aprender de ella.
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