Referido al artículo de Mariano Quiroga sobre la "operación secreta" para que trabajadores festejen la reforma laboral.
Esto muy bien explicado y argumentado ya se viene operando desde los '90 y fue calando hondo, primero en la patronal pequeño burguesa y paulatinamente en las capas más desclasadas de la población. Es ingenuo pensar que semejante cambio cultural puede realizarse en tan poco tiempo, debe tener una base mínima, latente, que en tiempos propicios y con los "catalizadores apropiados" que describe el artículo logra acelerar el proceso. Además no fue un proceso lineal, nunca lo es en la práctica, sino que fue uno más que, simultáneamente a otros muy diversos e incluso hasta opuestos, fueron desarrollándose a lo largo de estas últimas cinco décadas.
No olvidar que el punto de inflexión fue 1975 con el infame Rodrigazo y la clave ocurre cuando se dispara la hiperinflación en 1989 y se acelera el traspaso de gobierno a Carlos Menem. Allí en un año y medio se va a producir una profundización del modelo neoliberal sin igual, incluso comparado a este gobierno de Milei.
Los noventa significa un cambio cultural a nivel mundial que aquí se produce rápidamente sin anestesia.
Ningún gobierno va a desahacer la estructura clave del modelo neoliberal que fijaron entre Martínez de Hoz y Domingo Cavallo.
Por eso gran parte del discurso populista, sea del kirchnerismo u otra variante, cae en saco roto y logra una degradación cada vez mayor.
Además, al virar hacia la derecha discursivamente luego del triunfo de Macri y especialmente tras el fracaso del Frente de Todos, arrastró a la mayoría hacia el discurso dominante e incluso luego con el auge de la polarización en redes sociales al fenómeno Milei.
Hay vigente una gran polarización en términos culturales que alejan a gran parte de la clase trabajadora de sus propios intereses. En los noventa se logró con éxito instaurar el discurso apolítico (un oxímoron, todo un símbolo de la confusión intencional que inculcan desde todos los medios del poder) que tuvo un retroceso con la crisis de 2001-2002 y una década kirchnerista que volvió a movilizar multitudes con discursos incendiarios y polarizantes respaldados en políticas públicas otorgando derechos pero que al carecer de un programa integral que produjera un cambio de modelo económico fue perdiendo efecto y adeptos hasta llegar a la derrota con Macri en 2015.
Lejos de revisar críticamente su gobierno, tanto el kirchnerismo como otros opositores al macrismo priorizaron el "sacar a Macri" por sobre un verdadero programa común (cuando Macri había perdido solo la elección mucho antes) y el impacto que generó tal táctica política fue nefasto. La pandemia primero y la sequía después fueron las excusas para tapar el desastre evidente de un desgobierno total.
Es allí cuando se genera el germen "libertario" (bancado cuando no por la alt-right yanqui y operada por topos de la CIA como Agustín Laje) que al principio no buscaba más que inclinar la cancha para la derecha y allanarle el camino a Patricia Bullrich (sponsoreada por el mediano y gran capital tanto local como internacional) y terminó, literalmente contra todo pronóstico, catapultando a un panelista con evidentes problemas psiquiátricos a la presidencia. Esto último no debería pasarse por alto. Milei es un ejemplo perfecto de la podredumbre social extrema y cómo la pandemia desató una locura masiva que aún hoy perdura. Ninguno de nosotros salió indemne de la pandemia y sin embargo lo más común es escuchar lo contrario, especialmente en lo referido a salud mental. No es exagerado plantear que los argentinos no quedamos bien luego de la pandemia y que, a diferencia de otras épocas, ya no recurrimos a las consultas y los tratamientos de salud mental sino a pseudo gurúes y fundamentalmente a las sectas religiosas. El boom de estas últimas no es casualidad y explican en parte el sostén de un gobierno que se cae a pedazos y que en otras circunstancias no llegaba al año. Hay un profundo derrotismo especialmente entre la clase trabajadora, sea más o menos consciente, y eso se traduce en que seamos minoría los que ofrecemos resistencia.
En la calle incluso es palpable la desazón y la desesperanza de la mayoría, por un lado, y de la fe ciega de esa minoría que aún lo banca por otro. Solamente una ínfima minoría se mantiene férrea en la lucha, inclaudicable.
Ahora bien, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Aquí vamos a comprobar en carne propia lo que Marx llama "condiciones materiales" y por qué movilizan todo lo demás. Mientras sostengan la situación a fuerza de aumentar los planes sociales y múltiples laburos/changas no va a cambiar la situación pero en cuanto la mayoría vuelva a "cagarse de hambre" se va a acelerar drásticamente y hasta puede superar lo del 2001.
Por ahora vienen zafando gracias a múltiples salvatajes externos. Pero si no logran acomodar la situación financiera con la deuda gigantesca acumulada más una economía devastada y encima con un poder adquisitivo de las amplias mayorías otra vez en el piso no hay manipulación discursiva ni "batalla cultural" que aguante.
Fuente:
La operación secreta para que los trabajadores festejen su propio ajuste, Mariano Quiroga, Diario Tiempo Argentino, 2026/02/12
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